Hemeroteca :: 01/01/2008
Opinión

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Texto y fotos: Ignacio Abella

Los tejos centenarios que viven junto a iglesias, ermitas y plazas del noroeste peninsular son un patrimonio de incalculable valor que se conserva a duras penas. En los últimos tiempos, todo este legado se está perdiendo, víctima de frecuentes obras que acaban con la vida del árbol o lo condenan a una prolongada agonía.


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