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El lenguaje cifrado de los olores y el olfato

Última actualización 01/11/2006@00:00:00 GMT+1
Marcar el terreno con señales químicas es una forma muy habitual y efectiva de
comunicación entre los mamíferos. En el caso del topillo nival, estas señales
operan tanto con los machos como con las hembras y contribuyen a modular
el balance entre costes y beneficios de sus interacciones
sociales a lo largo de todo el año.
Prácticamente todas las interacciones sociales comparten un elemento común: el uso de señales comunicativas. En el caso de los mamíferos, debido a sus características fisiológicas y ecológicas, las señales químicas juegan un papel fundamental en la comunicación social (1). Las señales químicas utilizadas en este contexto se definen generalmente como “olores sociales” y pueden proceder tanto de productos metabólicos (orina, heces) como de secreciones glandulares especializadas. Una forma muy común y efectiva de utilizar los olores sociales es mediante su deposición en el ambiente, lo que normalmente se conoce como marcaje químico. Esta marcas químicas juegan un papel relevante en procesos como la competencia entre sexos y la elección de pareja e informan, fundamentalmente, sobre el estado de salud y la condición –hormonal, nutricional y reproductiva– de cada individuo, aunque también pueden contener mensajes sobre su capacidad para defender los recursos de un territorio (resource holding potential) y su estatus social o rango de dominancia (2). Los machos depositan marcas químicas en mayor número y más frecuentemente que las hembras. Los beneficios de ser elegido como pareja y la posibilidad de monopolizar las oportunidades de apareamiento son los factores que modulan en gran medida este tipo de comportamiento.

Aunque se han emprendido estudios muy importantes sobre marcaje químico en distintos grupos de mamíferos, principalmente ungulados, primates y carnívoros, la mayor parte de la información relativa a la funcionalidad de las señales químicas procede de pequeños roedores, como ardillas terrestres, hámsteres, jerbos, ratas, ratones y topillos. En el caso de los topillos, sabemos que las señales químicas intervienen en muchos aspectos de su comportamiento social, incluida la organización del espacio y la territorialidad, la estimulación o la supresión del impulso reproductor, las preferencias sociales y la elección de pareja. Además, a pesar de que se ajustan a un modelo morfológico bastante estable, los topillos son muy variables en cuanto a organización social, por lo que proporcionan buenos modelos para estudiar la ecología de su comportamiento (3).
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