Hemeroteca :: 01/09/2006
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Las “vacas locas” condicionan la recuperación de la población cantábrica

Última actualización 01/09/2006@00:00:00 GMT+1
Diversos estudios, incluido el foto-trampeo, confirman que las carroñas de la ganadería extensiva son parte importante de la dieta del oso pardo, sobre todo en los momentos más críticos de su ciclo anual. Pero la reducción de este recurso trófico, tras la entrada
en vigor de la normativa para erradicar el mal de las “vacas locas”, puede impedir
la recuperación de la población cantábrica de la especie.
En mayo de 2001, el Diario Oficial de las Comunidades Europeas publica un reglamento para la prevención, el control y la erradicación de la encefalopatía espongiforme bovina (EEB), más conocida como el mal de las “vacas locas”. Esta normativa exigía que todas las fuentes de contagio fueran controladas y eliminadas. Los cadáveres de los animales potencialmente enfermos debían ser obligatoriamente retirados del medio y destruidos en las condiciones adecuadas.

La medida levanta la voz de alarma entre los conservacionistas españoles, sabedores de que la importante población de aves carroñeras que alberga nuestro país se sostiene precisamente por los cadáveres provenientes de la ganadería doméstica. Buitres leonados (Gyps fulvus), alimoches (Neophron percnopterus) y quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) dependen desde hace siglos de los muladares para sobrevivir. Estas aves cumplen a su vez una importante función sanitaria, al evitar la propagación de enfermedades.
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