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Serán más patentes en la región mediterránea y en las zonas de montaña

Última actualización 01/06/2006@00:00:00 GMT+1
El cambio climático ya está aquí y sus efectos se notan: ciclos alterados de plantas y animales, extinciones
locales, nueva distribución de organismos marinos e
incluso problemas relacionados con el suministro de
agua y electricidad. La probabilidad de que se

confirmen futuros escenarios, así como su gravedad,
depende de lo que hagamos en el presente, sobre
todo respecto a las emisiones de gases con efecto

invernadero y al consumo de energía y recursos naturales. El reto es reducir la tasa de cambio y ganar tiempo.
A nadie se le escapa que el clima está cambiando. Incluso los más escépticos admiten que los eventos catastróficos asociados con meteorologías extremas (heladas fuertes y fuera de temporada, olas de calor, sequías prolongadas, incendios devastadores, huracanes e inundaciones) están cobrando una frecuencia e intensidad preocupante. Las evidencias se acumulan mientras los científicos desgranan mecanismos y asocian probabilidades al hecho de que estos eventos tan llamativos sean parte del cambio climático general. Muchas aves migratorias llegan antes, se van después o incluso no llegan a viajar. Plantas e insectos adelantan las fases más activas de su ciclo vital y las mantienen hasta bien entrado el otoño o incluso el invierno. El agua desaparece del suelo y la nieve cubre de forma cada vez más irregular las montañas. Algunos ecosistemas empiezan a ocupar cotas progresivamente más altas, al igual que ciertas plagas como la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa).

Pero no hay escape hacia arriba para las especies de alta montaña y las migraciones latitudinales se ven dificultadas por la fragmentación del territorio, con lo que muchas plantas y animales están desapareciendo a escala local. Al tiempo que se expanden especies exóticas propias de climas más cálidos. Las previsiones para el futuro cercano no dejan margen al optimismo: al ritmo actual, las legendarias nieves del Kilimanjaro, asociadas con glaciares en rápido retroceso, sólo durarán veinte años, amenazando el funcionamiento de ecosistemas que existen gracias a tan peculiares condiciones climáticas. Las no menos legendarias selvas amazónicas que sobrevivan a las talas y los incendios podrían colapsar hacia el año 2100 debido a una disminución de las lluvias y de la humedad relativa, con un escalofriante primer adelanto en la intensa sequía sufrida a finales de 2005. En nuestras latitudes, la mayoría de los estudios señalan que el sur de Europa y la región mediterránea, así como las zonas de montaña, serán las más afectadas por el cambio climático (1, 2, 3).
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